viernes, 9 de marzo de 2012

El festival vallenato se empieza a sentir en Bogotá

Almes Granados se coronó el año pasado como rey profesional en la tarima de la Plaza Alfonso López en Valledupar.

No llevan corona, pero son reyes, un título que se ganan a punta de canto y acordeón.

Son los cantantes de vallenato que están de regreso al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo para calentar las noches bogotanas y de paso invitar a los cachacos y al resto del país al escenario donde han sido coronados.
La caja, la guacharaca y el acordeón están de regreso con motivo del lanzamiento de la edición 45 del Festival de la Leyenda Vallenata creado por la ‘Cacica’ Consuelo Araujonoguera, el expresidente Alfonso López Michelsen y el maestro de maestros Rafael Escalona Martínez.
Como abrebocas, el viernes 16 y sábado 17 de marzo estarán entonando sus cantos los reyes vallenatos del 2011: Almes Granados, rey profesional; Jairo de la Ossa, rey aficionado; Camilo Carvajal, rey juvenil; y José Camilo Mugno, rey infantil.
Pero no sólo están estos recientes coronados. También están invitados otros personajes de la realeza musical vallenata: Gonzalo A. Molina, Rey de Reyes Segunda Generación 1997; Hugo Carlos Granados, Rey de Reyes Tercera Generación; José Ma. Ramos, Rey 1977; Álvaro Meza, Rey 2001; y Ciro Meza Reales, Rey Vallenato 2003.
Sin embargo, la apertura del concierto estará a cargo de Los Niños del Vallenato de la Escuela Talento Vallenato Rafael Escalona Martínez de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y del Ballet Vallenato del Cesar.
UNA HOMENAJE A CALIXTO ANTONIO OCHOA
Cada año el Festival rinde tributo a los grandes maestros del género y en esta ocasión el turno es para Calixto Antonio Ochoa, quien se coronó como Rey Vallenato en el Tercer Festival de la Leyenda Vallenata, en 1970.
‘Todo es para ti’, ‘El africano’, ‘Martha’ y ‘Marilí’ son algunos de los títulos que han inmortalizado su talento.
Ochoa Campo nació en Valencia de Jesús, corregimiento de Valledupar, el 14 de agosto de 1934. Sus inicios musicales se remontan a su niñez cuando se escapaba de la casa y se iba a las parrandas que se hacían en las fincas del Cesar, donde sus hermanos mayores tocaban hasta el amanecer. Luego, él tocaba el acordeón a escondidas, y así prendió.

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