
“Bueno capi y si uno va bien centrao y con la chancleta hasta el ñame y se le aparece un nubarrón de esos bien negros, donde tiene este aparato el rever pa’ devolverse”, dijo Zuleta.
- No Poncho, esto no tiene rever, hay es que dar un viraje hacia donde este más claro y así evitar metérsele a uno de esos monstruos meteorológicos, que son los cúmulos y son demasiado peligrosos.
O sea que hay es que sacarle el lance, hay que coger bien la curva añadió Zule, yo creo que esto pa´ mi será los más fácil con la experiencia que yo cogí en “la curva” allá en Codazzi. oiga capi la verdad es que yo me siento ya competente pa’ pilotea este aparato así que présteme la cabrilla pa’ que vea.
Volaban hacia Barranquilla, con cielo despejado y muy buen tiempo y con mil advertencias el capitán le cedió al copiloto el mando de la nave. Poncho no lo podía creer, él era el piloto y con sus suaves virajes hacia los lados y ligeros ascensos y descensos demostraba que había asimilado bien las indicaciones. Faltando diez minutos para llegar al aeropuerto Ernesto Cortissos le dijo al capi, por favor hágase cargo de la aeronave mientras yo consulto el manual de vuelo.
Esa noche recreando el episodio con sus amigos en Barranquilla les decía, la verdad es que a mí solo me faltó aterrizar, o de no, yo no fuera cantante.
Lo único que me preocupa de estos aviones de ahora es que no traen pito, porque pal’ aterrizaje y el despegue aquí en Valledupar de donde uno menos lo espera se le atraviesa una mototaxi en la hoja.
Escrito por: Julio Oñate Martínez
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